
Temprano en la cama,
hojeando la noche
que se adelantó
para soñarme.
Silencio que presagia un lunes ligero,
de buenas fortunas.
Diez menos cuarto
y la sábana me ensobra
para enviarme con estampilla y sello
hacia un perfume incierto,
hacia lechuzas de ojos que encienden antorchas
como pequeños futuros posibles.
Para arrojarme
a un buzón hambriento de escritura sin por qué ni parecidos.
Es más temprano que siempre
y a la cama no le importa.
Ella me cobija
como cada noche
para poder perder la mirada en una estrella,
en un poema.
Ella me envuelve para regalarme otro día.